Posteado por: alejandrors | 29 enero 2014

La doble moral en el aborto terapéutico

De pronto todo el TL habla sobre el aborto a raíz de lo que dijo Luis Guillermo Solís el último debate; así que me parece que una opinión adicional no estaría de más. Además, necesitaba una excusa para escribir en mi blog dos años después de dejarlo huérfano.

Uno podría pensar que hay dos tipos de aborto: terapéutico (i.e., cuando la vida de la mujer está amenazada por el parto) y como control de natalidad (i.e., la mujer por alguna razón personal no desea que nazca el niño). Lo primero que hay que decir acá es que el tema en discusión concierne únicamente al primer tipo, y en ese centro mi discusión.

Lo segundo, es que dependiendo de la perspectiva ética/religiosa personal, la vida “empieza” en diferentes momentos de la gestación. Lo tercero es admitir que nadie quiere matar a nadie, pues las posturas pro y anti aborto se derivan del punto 2; es decir, nadie quiere matar a alguien bajo su definición de “ser vivo”. Teniendo eso claro, me parece que sería decente dejar de satanizar a la persona que no piensa como uno, pues ambas posturas son igualmente válidas bajo diferentes sistemas éticos.

Con el aborto terapéutico, sin embargo, se debe considerar otros factores pues la vida de la mujer está amenazada de alguna forma por el eventual nacimiento. Cuando se piensa en la vida de la mujer amenazada, algunas personas piensan únicamente en la posibilidad que la mujer muera. Hay una dimensión adicional, que es el bienestar emocional y psicológico de la mujer. Seamos realistas: el bienestar de una mujer no sólo se mide en que sobreviva o no, sino en la calidad de vida que esa persona puede tener después del acto de violación y el eventual nacimiento. Y en algo todos estamos de acuerdo: la mujer es un ser vivo.

Ahora, mi punto principal es que hay situaciones de situaciones. Ciertamente, un embarazo producto de una violación puede (reitero, puede) ser una amenaza emocional terrible para una mujer. Desde situaciones horrorosas como la violación por parte de un padre, hermano o un familiar cercano (lo cual es una triste realidad en Costa Rica) hasta sexo sin consentimiento dentro de un matrimonio–sí, eso existe pues el matrimonio no le da derecho a nadie de exigir relaciones sexuales. Dentro de ese abanico, habrá muchas reacciones distintas: desde mujeres que podrán tolerar el embarazo por la razón que sea (e.g., aceptación, religión, amor) hasta mujeres para las cuales el más mínimo recuerdo del acto de violación les producirá miseria emocional y hasta secuelas psicológicas a largo plazo.

Cada caso es diferente pues, y es por esa misma razón que se deberían tomar diferentes decisiones en cada caso. Así como, por ejemplo, no se podría obligar a una mujer creyente y religiosa a abortar porque ese sería un trauma aún peor, no se puede obligar a otras mujeres que por motivos personales no quieran dar a luz o cargar el feto por nueve meses. En ambos casos, sería imponer una decisión moral sobre un ser humano que ya ha sido víctima de un hecho nefasto. Esto no sólo es arrogancia y prepotencia, pero peor menosprecia la condición de víctima.

Finalizo diciendo “si yo fuera mujer, y quedara embarazada, abortaría”. Pero ese es mi manera de pensar bajo dos hipotéticos, de la misma forma que estamos razonando muchos sobre el tema. Considero además que los llamados “pro-vida” deberían entender que la víctima es, en última instancia, quién debería decidir para no ser dos veces víctima. Aplaudo la posición de Luis Guillermo Solís de decir las cosas como las piensa a pesar que pueda molestar a un sector conservador bastante grande del electorado. Esto, en contraste con dos candidatos: uno que cada 5 minutos nos recuerda con aires populistas que su partido es fiel defensor de la doctrina social de la Iglesia–cambio que curiosamente le tomó 4 candidaturas de ser rechazado en las urnas—y otro que ha variado su discurso en demasía y suavizado controversiales posturas sociales en pocas semanas con tal de evitar ataques de la derecha.

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Posteado por: alejandrors | 24 julio 2011

De la abundancia de las cosas

La abundancia de las cosas, aunque sean buenas, hace que no se estimen, y la carestía son de las malas se estima en algo.

M. de Cervantes

 

Cuando empecé a escribir este post (aunque, siendo honesto, no lo considero tanto un "post" como un desesperado y no tan atinado intento por encontrar palabras que me eluden), pensé en hablar sobre las decisiones, bifurcaciones, y demás artilugios de la vida que nos dan la sensación ésa; esa de tener el control de nuestra vida. Aún, dirían algunos, bajo un universo completamente determinista, tenemos la percepción de escoger. Escogemos de todo un poco, desde lo más banal del mundo, hasta acciones que probablemente tendrán enormes y longevos repercusiones, no sólo en la vida del ente, sino, diría el karma, en todo lo que le es propio y relacionado.

Aprendí que más que hablar sobre la inexorabilidad y los fantasmas de las decisiones no tomadas, de los mil y un mundos que habitan mi cabeza, de los "what-ifs" que con el paso del tiempo devienen de una pequeñez a una enorme bola de nieve, de los "cómo-habría-sido" espectrales que se escurren como sombras y empapan mi almohada, había algo más. Encontré que mis palabras hacían eco en otra cosa menos digna: la cobardía. Y es que, digerido en tres palabras, este texto podría resumirse en "fui un cobarde".

Hoy, Alejandro se dio cuenta que es, y ha sido, un cobarde. Viendo mi camino y ahuyentado los recursivos fantasmas de mi pasado, me doy cuenta que, contrario a lo que por mucho tiempo había pensado, mi vida no ha sido gobernada enteramente por mi voluntad, sino por una parte conformista de mi ser que, siempre en su absoluto deseo de evitar el daño, de minimizar el riesgo, y de vivir bajo la cobija protectora del conformismo ambulante, me cegó. El lema fue "evitar el riesgo a todo coste", a pesar de los posibles y en ocasiones muy evidentes daños colaterales.

¿Pero, qué es valor más que un sustantivo agradable, bastante icónico y significativo en nuestro repertorio de palabras? Valor es algo más que ese sentimiento que nos recetan a cucharadas las películas y la literatura "light"; es algo que se vive y que se debe asumir no sólo en los magníficos momentos y oportunidades para demostrar nuestra valía, cual si fuesen puestos sólo para ello, sino, en la cotidianeidad de una vida corta, fugaz, y sobre todo, frágil. Los héroes, los íconos, y demás, podrán irse en tropel al averno; héroes de carne y hueso deberíamos exigirnos a todos nosotros encarnarlos, personificarlos y dignificarlos, pero más que todo, asumirlos.

La falta de valor me llevó a perder buenos amigos que hoy, lamento profundamente haber perdido; me hizo, por mucho tiempo, no asumir una parte de mí que hoy he logrado obtener, el cual es, mi amor por los estudios; me hizo ocultar a muchos de mis amigos, familia y a los demás mi orientación sexual por temor a represalias, lo que irónicamente devino en frustración y pérdida; me hizo lastimar a la persona que más he amado y ocultarla, dando nacimiento a un mundo paralelo de apariencias y engaños en el cuál decidí idiota e inocentemente, encerrarme.

Existen muchas oportunidades, demasiadas para mi gusto quizá. Lamentablemente, esa misma demasía nos hace despreciar las oportunidades realmente importantes, el camino a una felicidad auténtica e integral. Tal vez, lo que más lamento de haber sido gobernado por un sentimiento tan innoble, no es tanto el daño auto-infringido: por el contrario, es el daño que les he hecho a los demás y atrozmente, a las personas más cercanas a mí.

Vendrá quizás, un día en que me falle de nuevo el coraje; en que olvide lo que he logrado y el valor de los logros que he alcanzado; que caiga presa, una vez más, de la cobardía, títere de lo impredecible a merced de lo incomprensible. No lo sé. Sólo sé que un hombre, una vez que prueba la libertad, no habrá de caer, sin una lucha al menos, presa fácil al cautiverio. Habré vivido libre, al menos por un tiempo, y habrá valido finalmente la pena. Hoy creo que podría morir, que sería para mí una resurrección gloriosa a una reivindicación harto tiempo añorada.

También noté que "il ne peut y avoir de triomphe sans perte, ni de victoire sans souffrance, ni de liberté sans sacrifice." Hoy le doy gracias a alguien, a quién me diera el mejor de los regalos: quién me enseñara a recobrar mi libertad; pero también, en eterno duelo de mi ser, a quién mismo yo diera mis sinceras disculpas por haber sido un canalla, y que naturalmente, siempre me pesará. Contrario a lo que podría pensarse, éste no es un intento desesperado por la redención y perdón; éste es un intento desesperado por hacer justicia conmigo mismo, y por la persona que soy en este mismo instante.

Mi elocuencia hoy, no me hace justicia. Sin embargo, espero que mis palabras así lo hagan a algo más importante y especial. Palabras, por sí solas, se las lleva el viento, dirán por allí. Palabras, cuando se dicen de verdad, cuando tienen alma, valen más que una vida. ¿Qué nos hace humanos, sino es, verbo, palabras y existencia? ¿Qué nos hace humanos, sino el errar y enmendar ad eternitas el camino? ¿Qué nos hace humanos, sino el corregir entuertos y buscar la belleza en el ideal de la pureza utópica de la verdad?

A veces en la vida, a pesar de qué tan abrumados o sensibles podamos estar, vale la pena luchar, sin importar cuántas oportunidades haya para regresar. Después de todo, todos los caminos llevan al fracaso, excepto uno; por más tortuoso que sea el viaje, serán recordados quienes no lo abandonen, y de ellos, será la verdadera satisfacción y plenitud. Vale la pena tener coraje, y apostar en este aparente universo cuasi-determinista.

Este pliego inexistente, residente en la siempre creciente y etérea nube de ceros y unos, será mi testigo de quién fui, y de quién habré de ser. Esperaría también sea luz para quién siembre duda en el corazón, y sepa a priori, que la cosecha siempre será una tempestad.

Après tout, je ne suis qu’humain. Vraiment tien, jusqu’à la mort.

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