Posteado por: alejandrors | 16 abril 2010

Del racionalismo y otras chancletudeces

Je pense, donc je suis.

Rene Descartes

Creo que el orden normal de las cosas me exige primeramente escribir lo que tenga que escribir, y luego sacarme de mi cuadernillo de bolsillo una de esas citas que andan sueltas entre las páginas, y que de forma natural leí en algún otro recondrejo por ahí. Es lo lógico, ¿no? Hoy, quise nadar un poco contra mi propia corriente y hacer un pequeño experimento. Decidí que primero iba a tomar una frase, y después quise hacer todo un homenaje póstumo al racionalismo y al francés que se le ocurrió.

El racionalismo se puede entender de muchas formas, pero ciertamente hace alusión a algún proceso cognitivo superior de suma importancia. De los tipos de conocimiento, que tenemos dos de acuerdo con Neil A. Stillings et al, está primeramente el conocimiento declarativo (los atributos del mundo) y el conocimiento procedimental (todo lo que deviene de hacer uso de procesos cognitivos, la cognición como mecanismo de inferencia con base en el conocimiento declarativo).

En palabras más castellanas, la cognición es una equiparación del acto racional, entendiéndose éste como el acto de hacer uso de la razón (que definición más aberrantemente circular) para usarla como una fuente de conocimiento o de justificación. Y es que esta última palabra, justificación, la voy a subrayar, la voy a colorear con rojo fosforescente y centrar, de modo que quede bien vistosa y su lectura sea obligatoriamente ineludible.

Justificación

El acto de razonar da cabida a la justificación de nuestras acciones o de nuestros pensamientos. En este mundo irreal de invención y percepción humana, todo acto consciente (controlado por nuestro libre albedrío –que no voy a debatir si existe o no el determinismo) debe ser explicado en sus virtudes y desventajas, para la posterior compresión de la toma de decisión.

Pero, explicado lo que entiendo por razonar, voy a mi punto, a la conclusión a la que he llegado luego de debatir durante muchas horas a la luz de los eventos acaecidos en la UCR: pensar es un lujo de unos pocos, y el opio de muchos.

El acto racional se ve aplacado por una cosa terrible que se llama dogma. Un dogma es un precepto que se acepta sin cuestionar qué tan verídico sea, simplemente porque su fuente se cree lo suficientemente infalible y digna de confianza que se le cree completamente fidedigna, y ergo, cualquier intento de desprestigio es socialmente repudiado. Cito ejemplos: las religiones, los autoritarismos, la maquinaria corporativa del Siglo XXI, entre otros.

Y es que la UCR está lleno de dogmatismo (absolutos): {ver nota al pie}

– Si creías en el TLC, estabas mal en todo, eras un siervo de los Arias.

– Si no votás por el Frente Amplio o por el PAC, no pensás.

– Si no sos de la UCR, no sos buen estudiante.

– Si no apoyás los movimientos sociales de izquierda, no sos “cool” y sos un egoísta. ¡Tenés que ser un revolucionario! A pesar que el que lo dice vive como capitalista y en su vida ha hecho un acto de bien social.

– Si no creés en la autonomía de la UCR de forma vaticanesca, sos un infiel, traidor y no pensás lo que decís. 

A algunas mentes brillantes y arrogantes se les ocurre ahora, ser los “iluminados” y que han sido ungidos con la única verdad posible. Todo lo demás es falaz, es inerte, y sobre todo, es producto de ser un “zombie” o autómata pro-sistema. Aún cuando se les presenten situaciones que, son evidentemente contrarias a su prédica y verdaderas, el autoritario se va a arrojar siempre el don de la razón a sí, y a minimizar las capacidades intelectuales del otro con tal de ponerlo en ridículo. 

El “chancletudismo” (un movimiento posmoderno y muy cool que siguen los jóvenes como si fuesen lemmings) es toda una expresión de ese autoritarismo. Se vuelven adictos a la ideología UCR-imperante como un refugio contra el sistema, y supuestamente como un oasis de conocimiento. Es la Alejandría moderna en medio del desierto; sólo allí hay conocimiento, todo lo demás es seco, infértil e innecesario.

Irónicamente, se vuelven justo lo que quieren destruir. Por un lado, la ciencia y la intelectualidad humana, debe estar abierta al debate, al constructivismo y al acto de la búsqueda de la verdad, el acto de “Lumen aspicio”. Pero ellos, en su afán de convertirse en una contracultura cool y pensante (a pesar que su récord académico pegue gritos diciendo todo lo contrario), se vuelven ciegos a todo pensamiento que venga de fuera de su círculo ideológico. Se le da muerte y santa sepultura al acto de racionalizar, de justificación. Es un facilismo mental: se forja la ideología de la presión de grupo del “profe”, de los compas “cool y revolucionarios”. Lo peor de todo es que es contagioso.(ley del mínimo esfuerzo).

No me estoy adueñando de la verdad. Simplemente creo, que la justificación de los actos propios está severamente dañada en muchos. La autonomía por la que luchan es banal, es temporal y territorial, cuando por otro lado, no se dan cuenta de su carencia de autonomía de pensamiento, que es a mí parecer, la peor de las plagas intelectuales: estar sujeto a una ideología con tal de agradar la mayoría de mi círculo social, mientras se ahogan en el opio de la supuesta intelectualidad.

Hay que luchar por la verdadera autonomía: la de pensamiento. Por eso escribí un credo que recitaré todas las mañanas cuando me levante.

Autonomía

Creo en la autonomía, dadora de vida propia y de verdad: ser libre, no solo de cuerpo pero de espítiru. Creo en la no violencia, en no sacar de las bravuconadas de los demás mi realización personal, porque sé que con los golpes físicos a la autoridad no soy un héroe, y muchos menos, estoy cambiando el mundo. Creo en una autonomía de pensamiento, dónde cada quién busque la verdad de su mundo, no en las palabras del mentor, sino en las palabras del espíritu; esas palabras que se desprenden de la búsqueda propia y única de la verdad que una verdadera alma libre emprende. Creo en los profesores, en aquellos abnegados que más allá de imponer su visión de mundo, enseñan a aprender, en vez de adoctrinar. Creo en un mundo tolerante, donde la regla de oro sea la discusión ordenada y racional por encima de los bloqueos y la opresión de los derechos de los demás so pretexto de hacer a los demás ver mi punto. Creo en una autonomía metafísica, que trasciende un terreno y que se queda para la posteridad. Creo en esa autonomía por la que vale luchar, no con puños, pero mostrándole a los demás la elegancia de la ciencia y el arte, y como ensalzan éstos la humanidad.

Alejandro Ramírez, en algún momento de su ebriedad noctámbula.

{nota} : No estoy diciendo que los dogmas UCR estén incorrectos simplemente por ser irrefutables. Mi punto –para él que no lo infirió del texto- es que el chancletudismo muchas veces los lleva a un punto de “speak no evil, hear no evil, see no evil”, dónde todo lo maléfico es el mundo exterior a su círculo intelectual. Por supuesto existente excepciones, pero dudo que sea la abrumadora mayoría.

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Responses

  1. Alejandro. Lo que dice es muy certero, pero me parece que está dejando de lado algo que es fundamental para entender por qué esto pasa, y es la cuestión histórica. Me parece que la UCR se ha concebido como la fuente ideológica perenne y la contraposición al resto de opiniones generalizadas, no por un capricho, sino por una cuestión histórica. hace 30, 40 años, la UCR era el único lugar de donde salían profesionales bien educados en este país.
    Esto no es “ahora”. esto siempre ha sido así. El gran porcentaje de intelectuales de este país le deben su educación a la U, y por eso es que se mantiene ese respeto, quizá a niveles de estúpidez. Además, eso de autoforjarse un pensamiento sin verse influenciado por profes y compas, todas las Academias del mundo son así.

  2. Estoy de acuerdo con el hecho que tradicionalmente, la UCR ha sido todo un faro académico en la historia reciente del Estado Costarricense. Ha aportado no solo profesionales, sino herramientas, tanto para la movilización social como para una nueva cepa de académicos y pensadores, que hoy hace que seamos una Costa Rica más sapiente, más igualitaria, que hace algunos años atrás.
    El problema se da cuando nos volvemos adoctrinadores en vez de educadores. Estoy convencido que el buen profesor no es el que hace a todos sus estudiantes seguidores a ultranza de una perspectiva intelectual, sino aquel que les marca el camino, y les enseña a formarse un criterio propio. Creo que la pluridad intelectual nunca debe ser visto como algo deplorable, porque ella está en el seno de la ciencia y el conocimiento.
    Desconozco si pasará igual en otras universidades, pero creo que mi idealismo me lleva a imaginar un escenario plausible donde eso no sea así. Creo que es despótico sumergir a las personas en una ceguera dogmática, haciéndoles creer que en realidad se les han abierto los ojos: esto mismo han hecho las religiones por años.


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